La derrota que sufrió el gobierno de Javier Milei en el Senado con sus candidatos para la Corte Suprema empezó a tomar forma el día que firmó el decreto para nombrarlos en comisión, una medida que fue lo más cuestionado durante el debate, aunque también influyó el rechazo tajante de la Casa Rosada a retirar los pliegos ante la falta de votos para aprobarlos.
Milei se aferra ahora a la continuidad de Manuel García Mansilla en el máximo tribunal. A diferencia de Ariel Lijo, el académico fue aceptado por los miembros de la Corte como juez «en comisión» hasta el 30 de noviembre tras el decreto presidencial. Sin embargo, esto mismo fue lo que impulsó el rechazo de los dos candidatos en el Senado.
Detrás de la derrota de Javier Milei con la Corte Suprema: qué dijeron los senadores
«Yo no quería una Corte Suprema sin mujeres», señaló la senadora del PRO Guadalupe Tagliaferri, presidenta de la Comisión de Acuerdos, donde en agosto pasado Lijo y García Mansilla defendieron sus respectivas nominaciones. En efecto, la perspectiva de un máximo tribunal integrado solo por hombres fue uno de los primeros escollos que enfrentó la propuesta de Milei.
No obstante, el argumento central de Tagliaferri para votar en contra de los dos pliegos fue que «los dos candidatos aceptaron ir por la banquina constitucional» al aceptar ser nombrados por decreto y que además García Mansilla les «mintió en la cara» cuando les dijo a los senadores que no aceptaría asumir en la Corte por decreto.
El mismo argumento planteó el radical Martín Lousteau al afirmar que «esto no es solamente en contra de los pliegos, es en contra del mecanismo, del decreto y de nombrar los jueces en comisión; y para que García-Mansilla se vaya a la casa».
Uno de los más duros fue el ex libertario formoseño Francisco Paoltroni, quien recordó que el asesor presidencial Santiago Caputo, a quien calificó como «insolente», lo expulsó del oficialismo por haber anticipado su rechazo a Lijo. Paoltroni remarcó que el juez «salvó» en una causa al gobernador de Formosa, Gildo Insfrán, y acusó «falta de institucionalidad».
Un rechazo transversal y pocas voces a favor de los candidatos
Las críticas al decreto las compartieron incluso algunos de los senadores que intentaron ayudar al Gobierno a dejar la sesión sin quórum y que luego votaron a favor de uno de los dos jueces. Fue el caso de Luis Juez, del PRO, que rechazó a Lijo y acompañó la nominación de Mansilla, pero advirtió que «no es forma designar jueces por decreto».
Misma línea siguió el presidente del bloque UCR, Eduardo Vischi, quien no dio quórum al inicio de la sesión, pero igualmente advirtió que con la decisión de Milei de nombrar a los jueces por decreto el Gobierno intentó «ganar, por un lado, y pierde un montón por el otro» porque una jugada así sobre la Justicia afecta incluso «la economía» dado que los «inversores» se preguntan «por las garantías».
La bancada de Unión por la Patria fue lógicamente más dura y apuntó directamente contra el plan de Milei. Por caso, Anabel Fernández Sagasti advirtió que si García Mansilla continúa como juez en la Corte Suprema tras el rechazo del Senado todos sus fallos «van a ser nulos de nulidad absoluta».
En tanto, el jefe de ese espacio, José Mayans, aseguró que Milei nombró a los dos jueces por decreto para «distraer» a la opinión pública tras el escándalo por la criptomoneda $LIBRA que promocionó el mandatario y que, según el senador, fue una «estafa piramidal» por la que «tendría que estar preso ya».
Entre las pocas voces a favor de los pliegos se destacaron la cordobesa del PRO Cármen Álvarez Rivero, quien votó en contra de Lijo, pero defendió a García Mansilla y cuestionó a los opositores que dieron quórum para una sesión que, para ella, solo buscó «desgastar al Gobierno» y, por otro lado, la jujeña Carolina Moisés, de Unión por la Patria, que respaldó al polémico juez federal por «su experiencia» y por tener una «carrera que hizo de abajo».
Los antecedentes que el Gobierno ignoró y que volvieron inevitable el revés del Senado
Además de la decisión de Milei de tratar de nombrar a los jueces en la Corte por decreto, el otro factor que derivó en la derrota final que se llevó del Senado fue la insistencia en sostener a los dos candidatos y la negativa a retirar los pliegos ante la falta de apoyo, sugerencia que le hicieron llegar los senadores aliados.
En rigor, el Gobierno prefirió ignorar los antecedentes en este tema. El primero data de 2015, cuando la entonces presidenta Cristina Kirchner propuso al abogado Roberto Carlés para integrar la Corte Suprema tras la jubilación de Raúl Zaffaroni. El pliego entró al Senado y tuvo dictamen favorable en la Comisión de Acuerdos, pero la mandataria lo retiró antes de que llegara a votarse en el recinto.
Lo que ocurrió fue que la oposición de ese entonces -donde estaban el PRO y la UCR en pleno, más peronistas disidentes- juntó 28 senadores que firmaron un compromiso público de no aceptar a ningún candidato propuesto por Cristina Kirchner, que se acercaba al final de su mandato. La jefa de Estado decidió esquivar la derrota y retirar el pliego.
El otro caso, más actual, es el de Rosatti y Rosenkrantz, actuales presidente y vice de la Corte Suprema. A poco de llegar a la Casa Rosada, en enero de 2016, Mauricio Macri firmó un decreto para desginarlos «en comisión», tal y como hizo Milei.
Sin embargo, la diferencia fue que el ruido político de entonces hizo que el máximo tribunal no les tomara juramento y que ambos debieran esperar el acuerdo del Senado, que finalmente lo tuvieron por el apoyo que le dio el sector del peronismo alineado con los gobernadores y coordinado por el exsenador Miguel Pichetto.
Así, la jugada al límite de Javier Milei con el decreto fue lo que complicó sus chances de éxito en el tratamiento de los pliegos para la Corte Suprema, pero también influyó mucho el rechazo del Gobierno a tomar en cuenta los antecedentes y retirar a sus candidatos como hizo Cristina Kirchner o buscar el consenso con la oposición como hizo Macri.