Empresarios como Paolo Rocca, de Techint. Pero también Jorge Brito, del Banco Macro. Y legisladores opositores como Miguel Pichetto, Martín Lousteau y Nicolás Massot, a quienes Javier Milei consideraba potenciales aliados y, según él, lo terminaron traicionando. El Presidente está convencido, y así lo repite, que hubo un intento para desestabilizarlo el año pasado, del que formaron parte estos (y otros) hombres de los negocios y la política.
«A Rocca no lo quiere, está claro. Pero no es verdad que Javier no quiera a ningún empresario. El no tiene problemas con (Marcelo) Mindlin, los Bulgheroni o Eurnekian, por ejemplo«, aclara un funcionario que sigue el día a día del Presidente. «Lo mismo con el periodismo. El puede enojarse con un periodista en particular, pero no por eso va a dejar de hablar con un medio».
Milei, no es novedad, se informa a través de las redes. No tiene televisión en su despacho, aunque sí en la antesala. La mira poco. «El tiene una visión general de todo, está informado. Se enoja, es cierto, pero muchas veces se le pasa. Salvo cuando se meten con algo personal, como con los perros. Ahí no hay vuelta atrás», completa la fuente.
La lista de enemigos se amplió en 2025. La sucesión de derrotas en el Congreso, con leyes que preveían más gastos (para Universidades o Discapacitados) y podían afectar el superávit, más el durísimo traspié electoral en la provincia de Buenos Aires, tuvieron un impacto en la economía que terminó en el salvataje de Estados Unidos, días antes de las estratégicas legislativas nacionales.
La gente buscó dolarizarse en un país que no tiene dólares y se reavivaron los peores fantasmas. Por eso, con ese antecedente aún caliente, Milei bajó una orden a su mesa política: «La reforma laboral tiene que salir y rápido».
Una señal muy importante para los mercados
«Sería una señal política muy importante para los mercados», resume un funcionario, que admite que el impacto real del proyecto, en el corto plazo, no se notaría tanto. En parte depende, claro, de cómo se apruebe el proyecto original. Como con el Presupuesto, el Gobierno estaría dispuesto a modificar algunos artículos para lograr la aprobación, en pos de esa señal política que considera tan necesaria.
El primer paso debería darse la semana que viene, en la sesión prevista en el Senado. El titular de la Cámara baja, Martín Menem, ya le hizo saber a su contraparte Patricia Bullrich, la importancia de conseguir una media sanción con cierta holgura. «Si pasa muy justo en el Senado, se te complica en Diputados, porque te empiezan a pedir cosas nuevas», explicó un oficialista parlamentario.
Y amplió: «Por eso salieron a decir que no van a modificar una coma. Para estirar la negociación con los gobernadores en el Senado hasta el final y evitar mayores concesiones». La mayoría de los mandatarios provinciales avisó: así como está el proyecto, no sale.
«Tampoco le conviene al Gobierno una rebaja de impuestos, porque resiente la recaudación y el número de enero (de la recaudación) fue malo», especula uno de los mandatarios dialoguistas.
En la Rosada hay satisfacción, por ahora, con el funcionamiento de la nueva mesa de decisiones. Le reconocen expertise al ministro de Interior, Diego Santilli, encargado de negociar con las provincias. «Su terminal es Karina, pero se lleva bien con todos», describe un funcionario.
Ese mismo dirigente califica como de «tensa calma» el momento actual en la relación siempre compleja de la hermana del Presidente y el súper asesor Santiago Caputo. Y confirma un adelanto de Clarín: el eventual reemplazo de Mariano Cúneo Libarona como ministro de Justicia puede generar el próximo choque fuerte entre ambos. Era un lugar que Santiago Caputo había imaginado para su delfín Sebastián Amerio y que la secretaria ahora querría para su bando.
Inflación con 0 en agosto y dos polémicas con sello K
Por la experiencia del 2025, en el Gobierno saben que tienen que aprovechar este año colchón, no electoral, para avanzar con algunas reformas. No sólo la laboral, hoy prioridad absoluta, sino también la del Régimen Penal Juvenil y la Impositiva.
La reforma tributaria, que el Gobierno resume en el eslogan de la necesidad de bajar impuestos, también será prioridad. Los cambios previsionales, no. «Entra en lo que llamamos reformas de tercera generación, para un eventual segundo mandato», explicaron cerca del Presidente.
Para el segundo semestre, Milei cree que podrá finalmente terminar de planchar la inflación. «En agosto debería estar arrancando en 0», estimaron en la Rosada. «Todas las variables económicas indican eso. Pero esto es Argentina, je».
El año pasado había pronósticos similares que no se cumplieron. Según la mirada oficial, fue por el «intento de desestabilización». También para este año se espera un crecimiento cercano al 4%, que debería derramar en mejoras en el consumo, los salarios y el empleo, tres variables de la economía cotidiana que siguen generando ruidos.
Esta semana, habrá especial atención cuando se conozca el número de inflación de enero. Se había anunciado con la nueva metodología, figuraba en el Presupuesto, pero Milei y Caputo (Luis) borraron la promesa de un plumazo y en el revoleo se fue Marco Lavagna del Indec.
Desde entonces, el Gobierno se enredó en explicaciones contradictorias, con gusto a poco, y le cuesta salir del encierro. El recuerdo de la brutal intervención kirchnerista en el organismo de estadísticas incomoda. Detrás de la polémica, encima, vino una suba del riesgo país. ¿Todo tiene que ver con todo?
No fue el único termómetro que decidió atacar la Casa Rosada. También se anunció la creación de una Oficina de Respuesta Oficial, supuestamente para «desmentir operaciones». ¿Enojo con la desinformación o con la información crítica? No sorprende: más temprano que tarde, aquí y en el mundo, todos los gobiernos apuntan contra la prensa cuando alguna noticia se choca con el relato.
