(Por Carlos Álvarez – Pasta de Campeón) Jamás pensó que la noche del sábado 17 de enero sería la última que pasaría en su habitación de toda la vida. Durante la madrugada del domingo, el cerro Hermitte cedió y el barrio Sismográfica comenzó a vivir una pesadilla que aún no termina. Las paredes de las casas comenzaron a agrietarse y los vecinos tuvieron que evacuar. Como pudieron comenzaron a bajar. Los gritos de los vecinos rompieron la monotonía del sector, y lo que vivieron de ahí en más fueron capítulos de una serie de terror que no tiene fin.
Micaela Caamaño, la taekwondosta comodorense de 23 años, es una de las damnificadas, y a poco más de un mes pudo volver a su casa. Y si bien sabe que no podrá volver a tener la vida que tenía, no se resigna a dejar su lugar en el mundo y regresa a su mezón ubicado en el ingreso a lo que quedó de su casa con un termo, rosquitas, su perro y su amigo Hernán que fue su bastón de apoyo desde el principio.
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El mezón y el mate. Su lugar en el mundo que perdió Micaela Caamaño con el deslizamiento del cerro Hermitte.
Foto: Pasta de campeón
Al bajar de la camioneta, invita a pasar y abre la puerta con llave. Muestra lo que quedó de su casa: el living en el ingreso, la cocina – comedor a la derecha, la pieza de su hermano, un galpón, el baño y la otra pieza. Todo, absolutamente todo está a cielo abierto. Arriba quedó la habitación de ella que ya no tiene acceso porque la escalera fue derribada por precaución.
“Mi pieza quedó en el medio y no me di cuenta que no iba a poder volver a entrar. Lo que quedó ahí, quedó”, cuenta Micaela a PDC y comparte una fotografía que se sacó hace un par de semanas donde en una de las paredes está el afiche del Mundial 2019 en Alemania cuando se trajo la medalla de oro con 19 años.
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La última selfie en su habitación. A cielo abierto y con el afiche del mundial donde fue campeona para siempre en la pared.
Foto: Micaela Caamaño
Se emociona al relatar lo vivido pero no llora. Al menos al comenzar a contar lo que vivió con lujo de detalles se la nota entera. Va y vuelve hasta la calle y es casi un monologo. “Yo voy a volver, quiero venir a armar un asado acá cuando tenga una moneda. El otro día que hizo calor me quería venir a quedar a dormir. Hoy vine por unos mates, voy a subir todas las veces que sea necesario y que quiera, es la casa que armaron mi viejos, y mi familia. Nadie me va a venir a decir que no puedo venir”, afirma convencida y sonriente.
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Para ingresar a lo que quedó del barrio Sismográfica hay que dejar los datos personales en lo que era el ingreso al sector, cerca de la cancha de Talleres, que esta vallado desde el domingo 18 de enero con guardia permanente. La policía toma los datos en un cuaderno tapa dura, observa la camioneta y mira hacia adentro quienes van.
A los pocos días del desmoronamiento era formar fila abajo, y esperar el turno para subir a buscar pertenencias. “Eran dos personas por familia, subíamos caminando al principio. O seis personas por cuadras, subíamos a buscar cosas. No sabías qué llevar, qué dejar. Era como si fuera la última vez que ibas a subir a tu casa, era como que lo no llevabas no sabías si lo ibas a volver a ver”
Micaela en lo que quedó de su casa en el barrio Sismógrafíca con la ventana de su habitación de fondo.
Foto: Pasta de campeón
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TOCAR FONDO Y UN BAÑO DE REALIDAD
En el piso de lo que quedó de la casa de los Caamaño hay de todo tirado. Discos, ropa, adornos rotos, botellas y escombros. Machimbres rotos, plantas que comienzan a secarse, revistas, bidones de agua vacíos, cables, herramientas y medallas de competencias que tanto esfuerzo le dedicó.
Micaela se apoya sobre una de las paredes blancas y cuenta cómo está diseñada la casa que su mamá armó con tanto amor y mucha dedicación. Mira hacia arriba y señala su habitación, que era su refugio y su espacio.
“Hace una semana atrás caí del todo, me di cuenta de todo esto que nos pasó. Cuando fui a un alquiler en Palazzo me di cuenta. Nos estábamos quedando en el quincho de una amiga que nos prestó, dormíamos en el piso pero no lo tomábamos como que nos habíamos ido de la casa”, cuenta y su voz se quiebra.
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“Ya había ido al alquiler, pero nunca me había quedado a dormir. Un día mi hermano me dijo que lo acompañe, que se iba a bañar y sin darme cuenta cuando veo todo ordenado, mi mamá había limpiado pero no, me dije: no! No tengo casa y salí para afuera. No quería llorar delante de mi mamá. Estaba hermoso todo, pero no era lo que tenía”, cuenta con una mueca y los ojos brillosos a punto de llorar.
La taekwondista de 23 años es prima del futbolista de Ameghino Eric “Corto” Castro. Eran vecinos en el Sismográfica. Ambos perdieron todo y hay que volver a empezar. “Por un lado lo acepto, pero hoy mi fe esta en que mi mamá tenga una casa, hicimos lo que pudimos, sacamos todo lo que pudimos. Vendimos. Hay días que queremos romper todo, bajar la casa a mazasos. Hay vecinos que quieren prender fuego su casa. Son días y cada uno los pasa como puede”, afirma.
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EL OBJETIVO DEPORTIVO NO SE IRA DE FOCO
«Volver a empezar que aún no termina el juego», dice la canción de Alejandro Lerner. Y Micaela sabe que está será una de las batallas más difíciles de su vida. El objetivo principal es el Mundial de España, y si bien no comenzó a entrenar afirma convencida que dará todo, y más. “Yo este año lo veía muy distinto, mi maestro me hizo crecer mucho. Lo veía como un reto, lo esperaba con ansias. Me destrozó que n los últimos dos mundiales no me pude presentar. No quería que este año me vuelva a pasar pero lo veo difícil. El tema de los pasajes es algo muy costoso”
Sin techo. Micaela Caamaño en el medio de lo que fue su casa en el barrio Sismografica
Foto: Pasta de campeón
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Este fin de semana había un selectivo, pero el deslizamiento del cerro Hermitte se lo impidio. Fueron días, semanas enteras yendo y viniendo desde Palazzo hasta el Sismografíca, a cargar y llevar. «Tengo que seguir, quiera o no. Como instructora tengo que seguir. La copa del mundo en España no me la quiero perder, ya le dije que sí a mi maestro, pero me duele porque es muy difícil. Dejar tus cosas acá te duele muchísimo”, confiesa y mira un punto fijo.
El teléfono de Micaela sonó en varias oportunidades en este poco más de un mes, y por ahí hubo gente de lejos que se preocupó más que lo que ella creía tener cerca. “Lo que necesito en este momento…obviamente la parte económica es fundamental. Los pasajes están dos millones y medio, necesitas dólares, hotel y comida. Lo que yo necesito es apoyo, necesito cosas de entrenar y no lo he tenido. Volví a dar clases, estuvo lindo, pero necesito entrenar un poco más. La casa y esto no me lo permitió, pero le voy a poner todas las ganas al entrenamiento. Hoy necesito motivación y apoyo para seguir, mi mamá, mis amigos, mi gente. Acá te das cuenta quien está y quien no”, asegura.
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Micaela y su amigo juntas sus cosas. Hay que subirse a la camioneta y “bajar”. Ella se queda un segundo más. Observa y mira su casa, su cuadra y la casas de sus vecinos. Las bolsas de residuos quedaron en los canastos desde el sábado 17 de enero cuando el mundo se detuvo en el barrio Sismográfica, pero todo Comodoro Rivadavia siguió viviendo a su ritmo.
