Un camión lleno de galletitas parece ser hoy la principal pista en la investigación del crimen de Juan Francisco Viarnes (66), más conocido por su apodo, «El Frances», y por su colorido pasado de ladrón, estafador, distribuidor de dólares falsos y testigo estrella contra la cúpula de la Policía Antidrogas de Córdoba.
Viarnes apareció con seis balazos en un descampado de Florencio Varela. Se cree que lo mataron en otro lugar y lo tiraron allí. Tenia una completa colección de enemigos muy bien ganados, lo que en cualquier caso policial complica la tarea de encontrar un sólo sospechoso.
Sin embargo, en el caso de Viarnes, la Policía Bonaerense le acercó una pista interesante al fiscal Darío Provisionato: en diciembre pasado fue demorado en la comisaria sexta de Almirante Brown por el robo -en la modalidad piratería del asfalto- de un camión que transportaba galletitas y de 20 millones de pesos.
Por circunstancias aun no aclaradas, se le tomó declaración testimonial y se lo dejó ir. Pero el robo está judicializado y su investigación quedó a cargo de la UFI 4 descentralizada de Almirante Brown, a cargo del fiscal Nicolás Espejo.
Hay un dato de ese robo que llama la atención y es el co-protagonista de la historia.
Junto con Viarnes la Policía detuvo en diciembre a un amigo de él, que adquirió importancia en la última semana. Se trata de un hombre con el que «El Francés» compartió encierro y cuyo domicilio en Berazategui fue usado el falso médico y espía, por ejemplo, para comprarse un Chevrolet Onix.
Además, el hijo de este hombre está preso y en el mismo lugar también se encuentra detenido Brian Viarnes, el hijo mayor de «El Frances. Este «colega» de la víctima ya declaró en la causa por el «homicidio», al igual que su esposa y su hija. Pero no aportaron datos importantes.
Lo extraño del caso del camión de galletitas robado es que fueron demorados, se les secuestraron su celulares y también el auto. Pero no los imputaron, sino que les tomaron una declaración «testimonial». Es decir, pasaron de sospechosos a testigos en un abrir y cerrar de ojos.
Raro ya que, al menos Viarnes, tenía antecedentes por piratería del asfalto.
El final de un gran simulador
Cuando «El Francés» fue detenido en julio de 2013, le encontraron media docena de credenciales truchas. Una de coronel del Ejército, otra de empleado de la Cámara de Apelaciones de La Plata, otra de la Cruz Roja Internacional y hasta una del Instituto para la Formación en Operaciones de Paz de la ONU. Él, además, sostenía que trabajaba como espía inorgánico de la SIDE.
Aquella vez cayó preso porque un hombre al que le había comprado un auto con 42 mil dólares falsos lo reconoció en una estación de servicios de Córdoba y le dio tal paliza que alguien llamó a la Policía. Al ser acusado formalmente (de esa estafa y dos mas idénticas), intentó recurrir a sus contactos policiales, pero lo desconocieron. Entonces se vengó: contó todos los negocios que había con la Jefatura Antidrogas de esa provincia.
Así nació tal vez el «narco escándalo» más grande de Córdoba, que descabezó la división y terminó en condenas para los policías, ratificadas a fines del año pasado por la Cámara Federal de Casación Penal.
Tipo inteligente, astuto, engañador (en buen criollo se lo calificaría como un «cagador profesional»), en los últimos meses estaba rondando la zona sur del Conurbano y allí se ve que piso alguna baldosa floja o se metió con la persona equivocada: el sábado pasado apareció en un descampado de Florencio Varela con seis tiros en el cuerpo, uno de los balazos, el mortal, le dio en la aorta y lo mató.
Con una camisa lila, un jean, zapatillas, un arito, el pelo teñido y un puñal en el bolsillo. Así lo encontraron.
A Viarnes le cobraron alguna deuda de las muchas que tenía. Su vida siempre fue tan al filo que en 2014 un fiscal cordobés llegó a investigar su muerte por el rumor de que- metido en el negocio de los dólares falsos en Rosario- había enojado a «Los Monos» y estaba enterrado en esa ciudad.
Fue falsa alarma. Esta vez lo mataron de verdad. Se lo logró identificar por las huellas digitales. Se cree que lo mataron entre la tardecita del viernes y la mañana del sábado y que lo fusilaron en otro lugar con un arma calibre .22 o .32, ya que en la escena del hallazgo no se encontraron vainas. Sus ropas no tenían tierra ni tampoco su calzado.
Lo que se sabe hasta ahora es que, en noviembre pasado, Viarnes se contactó con un viejo compañero de presidio (con el que fue demorado en diciembre). Le dijo que estaba viviendo en Paraguay (donde tendría esposa y una hija), pero pensaba volver a la Argentina. «El Francés» quería usar el domicilio de su amigo en Berazategui para comprar un auto y, de hecho, lo hizo: se compró un Chevrolet Onix con el que aparece en algunas cámaras de seguridad de Varela.
Además de este domicilio, Viarnes tenía otros en Chubut y Córdoba. Se cree que hacía meses que andaba por Argentina por el tiempo en el que había habilitado un teléfono celular en el país.
En 2013, tras ser detenido en la estación de servicios de Córdoba, «El Francés» decidió declarar en la Justicia contra policías antinarcóticos de la provincia. Se presentó como un agente infiltrado de los servicios de inteligencia, pero el fiscal federal Enrique Senestrari no le creyó y lo mandó a juicio: en 2022 firmó un juicio abreviado por 5 años y medio de prisión.
Eso fue después de que lo capturaran en Paraguay, donde logró mantenerse oculto cinco años haciéndose pasar por médico recibido en la UBA. Se había logrado escapar de su casa, aunque dos policías de la Federal debían estar cuidando su puerta y dejó atrás a su padre de 91 años. El hombre había salido como garante de su prisión domiciliaria.
Los policías también fueron condenados, sentencia que fue agravada por Casación en 2025 sumándoles el delito de «asociación ilícita», tal como había pedido el fiscal Senestrari en su momento.
Viarnes tenia demasiados enemigos. Lo que ahora investiga la Justicia de Florencio Varela es quién lo encontró primero. Su cuerpo apareció tirado abajo de un árbol en un descampado del barrio santa Rosa, en el limite de Varela con Almirante Brown, casi en la esquina de Paysandú y Holmberg. Un lugar abandonado. Un lugar donde sólo entra el que conoce.
AA
