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Raúl Lavié confiesa que a los 88 años se aburre y a veces hace shows después de actuar en teatro: El escenario me revitaliza

“Confieso que he vivido”, tituló alguna vez Pablo Neruda uno de sus libros. Pero, ¿dónde está el hecho confeso de la vida? ¿Dónde encontramos el núcleo de la existencia? ¿En el recuerdo del pasado luminoso, o en la incógnita de un futuro todavía aventurero?

Raul Lavie (88) lleva esas respuestas en su mirada y en su voz intacta. “No hay un día que no me entusiasme con el futuro”, asegura en el comienzo de su charla con Clarín. Su memoria poderosa traza rutas de Piazzolla, Broadway, Anthony Quinn y El Club del Clan, pero su corazón apunta siempre a lo que viene.

Raul Lavié en plena calle Corrientes. Foto Emmanuel Fernandez

Está inquieto y entusiasmado por la próxima función de Vamo’ Los pibes, la obra que comparte con Osvaldo Laport, Antonio Grimau y Osvaldo Santoro (va de miercoles a domingo en el Multiteatro)

Pasión por el arte

“No puedo estar sin proyectos. A veces estoy en casa y le digo a mi mujer que estoy aburrido, y no puede creer que después de 74 años de trabajo no piense en descansar, pero es que a mi lo que me revitaliza es en escenario”, agrega mientras se pide un café liviano.

Raúl Lavié con el Coro del Tabernáculo, agosto de 2025.

En unas horas tiene función, así que intenta cuidar la voz, pero la pasión de los temas que se tocan lo van entusiasmando, tanto que aumenta los gestos y su volumen de forma permanente entre vitalidad e impaciencia.

La pasión por el arte lo habita y lo desborda, más cuando habla de proyectos a futuro. “ No sé vivir de otra manera”, remata.

-¿Qué podés contar de la obra?

-Es una historia no solo de amor a la vida sino a la amistad. Una obra simple que exalta valores que tenemos los argentinos. Pero por sobre todo de gente grande que asumen una lucha para ayudar a quien lo necesita, y que también sienten la necesidad de juntarse y vivir una nueva aventura.

Es una obra hermosa y muy viva. Muy actual. Me llena de energía y la verdad que es algo que disfruto un montón, la paso muy bien de lo que pasa en el escenario y debajo de él.

-Algo que me encanta de la obra es que, más allá de la idea de un grupo de amigos octogenarios que hacen una última gira, hay una necesidad concreta de ayudar a alguien en el presente. A este grupo no los une solo lo que fueron, sino lo que serán.

-Claramente es así. Ahora te hago una confesión (muestra su audífono). A mí me pasa lo mismo que al protagonista. Sé lo que se siente cuando alguien con una profesión como la nuestra necesita una ayuda auditiva. Entiendo casi mejor que nadie la lucha de esos amigos por eso aparatito. Obvio que con la anuencia del director y el escritor le agregué al personaje cosas mías, cosas vividas en este camino del arte.

Lo que plantea la obra es otra manera de ver las cosas . Ellos tienen una mirada no de resignación, sino de animarse a buscar nuevos caminos. Me ha pasado de gente que me dice: «¡Qué viejos estamos!», y les digo: «¡Viejo estarás vos!” (risas). No es que uno no sepa la edad que tiene, pero eso no me impide pensar en el futuro y resignarme a solo recordar.

Yo estoy en mi casa y estoy aburrido. No puedo estar así sentadito o sólo dormir la siesta. Necesito hacer cosas. Por eso trabajo no solamente en el teatro, sino que termino la función de teatro y voy a hacer algún show.

El flyer de la obra «Vamo’ los pibes», con Raúl Lavié, Antonio Grimau, Osvaldo Santoro y Osvaldo Laport.

-¿Del teatro sos capaz de ir a hacer un show?

-Si me convocan y tengo la posibilidad de hacer lo que más amo, que es cantar, ¿cómo voy a decir que no? El escenario es sanador.

-¿Cómo te llega el proyecto de Vamos los pibes?

-A través de Federico Palazzo, que es hijo de Jorge Palazzo, con el cual trabajé en Canal 13 hace mucho y que había escrito un libro que se llamaba El audífono, pensando que yo lo podía hacer en teatro alguna vez.

Pasó el tiempo, murió Jorge, Federico toma el libro, hizo una adaptación y lo primero que hizo fue llamarme para ofrecérmelo.

“A mi manera”

-Empezaste a cantar tangos en Rosario con 14 años. Uno no se imagina un chico tan joven siendo la voz de grandes orquestas .

-Es cierto lo que decís, aunque hay que pensar que era otra época. Nuestra música siempre ha sido muy característica y ha tenido mucha preponderancia en cierta parte de nuestra cultura, sobre todo en esos años. Yo nací en el ’37.

En esos años, los cantantes y directores de orquestas eran figuras importantísimas para el público. El paso de la de las distintas épocas hizo que eso se fuera diluyendo.

Raúl Lavié asegura que después de hacer una función de teatro tiene ganas de ir a cantar. Foto Emmanuel Fernández

-Al poco tiempo viniste a Buenos Aires para ser la voz de la orquesta como la de Héctor Varela, ¿Cómo fue ese choque de mundos?

-A los 18 debuté en Radio Mundo con mi propio programa de radio, conducido por Antonio Carrizo y la orquesta estable dirigida por Víctor Buchino. A los dos año, me vino a buscar Varela porque necesitaba un cantante y me había escuchado y me contrató. Así que con 20 años comencé a conocer la noche de Buenos Aires cantando en los cabarets.

En esos años descubría a la gran ciudad que es Buenos Aires. A pesar de que andaba por la noche de Rosario con 15 años, trabajando y todo ese tipo de cosas, Buenos Aires para mí era haber llegado a Nueva York.Fue un golpe muy fuerte. Había de todo, como siempre. La noche de Buenos Aires era conflictiva, pero era otra forma de vivir. Hoy habitamos más los extremos, me parece.

-Al poco tiempo aparece la televisión. Y el Club del Clan , donde hacías canciones de Paul Anka y descubriste otro tipo de masividad.

-Sí, claro. Fue una parte fundamental de mi acercamiento al público, donde hacia canciones de Anka. Es una época que disfruté muchísimo y estoy muy agradecido de todo lo que me dio. Pero, mientras tanto, yo hacia una nueva forma de tango, una nueva expresión joven que partía de no ser igual a los grandes cantantes de ese momento. Siempre traté de buscar el cambio en mi forma de expresarme. Y por eso hoy después de tantos años soy distinto en ese sentido.

Raúl Lavié junto a Olinda Bozan, Mabel Manzotti y Dario Vittori en la época de la obra «Los angeles de la Via Veneto», en el teatro Cómico, 1971.

-¿En qué sentido decís que era rupturista tu forma de cantar tango?

-Que no era el cantor común de tango de orquesta o solista, sino que era una cosa diferente. Al punto que hasta el acompañamiento era diferente, no había piano ni bandoneón; pero si una orquesta de cámara, con arreglos tipo Michel Legrand que eran una locura en ese momento.

-Si hablamos de rupturismo y de cambiar estándares, no puedo no preguntarte por Piazzolla, a quien acompañaste en dos giras por todo el mundo.

-Bueno, ahí me asenté definitivamente. Y juntos hablábamos el mismo idioma. Completamente rupturista, completamente. Cuando hablamos de Piazzolla hablamos de un genio que cambio completamente la concepción del tango y en un principio fue resistido, pero siempre creyó en la trascendencia de su obra. Tal es así que hoy cuando hago Piazzolla inmortal -una obra que hice en Pandemia y ahora la voy a llevar a Uruguay- la recepción del público es increíble

Era una época en el que se estaba produciendo un cambio generacional en todo el mundo. Estoy hablando de los años ’60. Nacía el rock nacional y los jóvenes buscaban distintas formas de expresarse. En esos años se fue perdiendo un poco el escuchar música de tango, en forma clásica. Entonces me adapté a esas circunstancias.

Eran años en los que el cantante iba a perder en contra de los cantautores. Comenzó la era de Palito Ortega, Nicky Jones y Johny Tedesco, hombres que eran autores de su propia música. Entonces hice una reconversión sobre el futuro que tenía que encarar. Al comienzo del Club del Clan hice muchos temas modernos, pero cuando me di cuenta de esto dije «Voy a luchar contra algo que no me va a servir para continuar”, y decidí volver a mis raíces. Creo que fue una decisión inteligente de mantenerme para un público que necesitaba también alguien que lo representaba.

Raúl Lavié con dos leyendas: Roberto Goyeneche y Rubén Juárez. Foto: Carlos Sarraf

-Yo diría inteligente y valiente, porque significaba darle la espalda a un éxito para volver a tus raíces.

-Sí, claro. Pero recordemos que era siempre distinto. Volver a hacer tango pero de una forma que no era una repetición de lo que ya estaba. Cuando hablás de mis raíces, siempre fueron de búsqueda. Inclusive, en el ’65 cuando debuté en teatro era porque necesitaba agregar a mi forma de cantar herramientas distintas.

Ese año arranque en el San Martin, y después vino el cine. Todo esto me ayudó a generar una constante cercanía con la gente que sigue hoy, a 74 años de mi debut.

Llevar el tango al mundo

-Con el teatro llegaste a Broadway, a ser nominado para los premios Tony y a llevar al tango al mundo

-Hice más de 40 obras en los principales escenarios del mundo. Interpretando distintos personajes, Zorba, El hombre de La Mancha, El violinista en el tejado, entre otros.

Raúl Lavié en la entrega de los Premios Gardel 2017. Foto Martin Bonetto.

-¿Cómo fue llevar el tango al mundo?

-El tango siempre fue exportable. Gardel mismo lo llevó a un nivel mundial. Primero en París, con el cine, filmó películas relacionadas, siguió filmando en Estados Unidos, recorrió el mundo y fue reconocido.

El tango siempre atrajo a otras culturas. Eso fue también motivo de que existiera un espectáculo llamado Tango Argentino, que no solo instaló el tango en Europa y en el mundo, sino también que revitalizó el interés por parte nuestra. Porque como como decía mi abuela, “si triunfa en Europa quiere decir que es bueno” (risas).

El tango tiene raíces, africanas, hispanas, norteamericanas. Una congregación de culturas que llegaban al país trayendo sus distintas soledades y fracasos que empezaron a relacionarse y a encontrarse

Mirá, te cuento una anécdota: una vez yo estaba en Budapest y veía un montón de parejas que iban al mismo lado. Me ganó la curiosidad y les pregunté para donde iban me dijeron «a bailar tango”. Pregunté si los podía seguir y los seguí. Cuando llegué pensé que me iba a encontrar con argentinos. ¡No había ni uno! Todo rumanos que disfrutaban de nuestra música.

-¿Alguien te reconoció?

-No, nadie. Te digo que eran todos extranjeros. Y todos estaban ahí disfrutando de nuestra cultura. Eso es algo que me emociona mucho.

Raúl Lavié en la época de El Club del Clan, con Johnny Tedesco, Violeta Rivas y Nicky Jones.

-En 74 años de carrera. ¿Cuál fue el momento que viviste que aun hoy recordás y seguís sorprendido, sin creer que te pasó?

-¡Uff, muchos! Pero sobre todo tengo el recuerdo muy afectivo de cuando conocí a Anthony Quinn en Broadway y fuimos grandísimos amigos. Él estaba haciendo Zorba, el griego. Recuerdo que cuando íbamos a comer yo le decía que soñaba con hacer esa obra. Que me parecía una maravilla y que me encantaría personificarla.

Un día me dijo “Negro, si vos amás a ese personaje, cuando tu cuerpo y tu mente estén listos, él te va a encontrar a vos”. Pasó mucho tiempo, hasta que un día recibo el llamado de Alejandro Romay y Me dice: “Negro, tengo una propuesta para hacerte: Zorba”. ¡Yo me quería morir, porque fue tal cual me había dicho mi amigo muchos años antes!. El personaje al final me alcanzó.

-Ultima pregunta: ¿qué te gustaría que se lleven los que vienen a ver esta obra?

-Que se lleven la sensación que la vida no termina ante el cansancio y el desgano. Que hay que luchar para seguir viviendo y ser feliz. Esta vida es un don de Dios y uno debe gratificarlo. Tienen que venir todos aquellos que tienen ganas de aceptar la vida y dejar un bello camino, habiendo dejado rastros de amor. Inclusive aquellos que están desairados, que se sienten vencidos. Esta historia los espera para darle una nueva mirada; ojalá así sea.

Clint Eastwood dijo una vez “No dejés entrar al viejo en tu cuerpo”. Y tiene 100 años y sigue dirigiendo. Hay mucha gente así. Tony Bennett, a quien conocí y nos hicimos amigos, estuvo toda su vida haciendo música maravillosa. Incluso cuando el Alzheimer estaba muy avanzado, su familia le ponía sus canciones y eso lo hacia reencontrarse con él mismo.

Por eso digo, al que venga, que disfrute, que se ría, que se emocione y que valore el oficio de 4 actores que dan todo en el escenario y que se divierten a la par de ellos.

-Y como citaste vos: que no dejen entrar al viejo en su cuerpo

-Exacto. Que no dejen entrar al viejo en el cuerpo.

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