La decisión de YPF de ceder el denominado clúster Malargüe a Venoil se inscribe en la reconfiguración del portafolio convencional de la petrolera de mayoría estatal, orientada a reasignar capital hacia proyectos estratégicos con eje en Vaca Muerta. Aunque el convenio ya fue firmado, la operación aún debe atravesar aprobaciones administrativas provinciales antes de que el nuevo operador asuma el control efectivo de los bloques.
Detrás del anuncio, el impacto real se juega en variables concretas: continuidad productiva, flujo de regalías y el sostenimiento de una red de contratistas y proveedores que explica buena parte de la actividad económica en el sur mendocino.
El acuerdo de cesión contempla áreas convencionales que integran el clúster Malargüe. Como ocurre en este tipo de operaciones, la toma de control por parte del comprador quedará supeditada al visto bueno de la autoridad provincial. Ese “tiempo administrativo” es sensible para el territorio: define la continuidad operativa, la estabilidad de contratos de servicios y el ritmo de inversión en campos maduros.
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Producción actual: los bloques que explican el peso del clúster
Para dimensionar el aporte productivo, una referencia objetiva surge de los reportes del Instituto Argentino del Petróleo y del Gas (IAPG), elaborados con datos oficiales.
En el bimestre mayo–junio de 2025, las áreas más relevantes mostraron los siguientes registros:
- Cerro Fortunoso: alrededor de 350 m³/día de petróleo, con producción asociada de gas.
- Valle del Río Grande: en torno a 315 m³/día de petróleo, también con aporte gasífero.
En conjunto, ambos bloques explican unos 670 m³/día de crudo, una magnitud que justifica la atención que despierta el cambio de operador. No se trata de pozos marginales: detrás de cada metro cúbico hay tareas de mantenimiento, logística, servicios ambientales y empleo local.
La transición parte de un elemento relevante: Venoil no llega “desde cero” al departamento. La empresa ya opera el yacimiento El Manzano Oeste, que presenta como uno de sus activos más importantes en Mendoza. Esa presencia previa reduce el riesgo de una curva de aprendizaje prolongada y reordena expectativas sobre continuidad operativa, aunque la performance futura dependerá del plan de trabajo que se implemente en las áreas cedidas.
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Regalías y recursos: lo que mira la provincia y el municipio
Desde el punto de vista fiscal, el seguimiento de regalías petroleras es central para Mendoza y, en particular, para Malargüe. Las planillas oficiales de la provincia muestran que áreas como Cerro Fortunoso y Valle del Río Grande aportan montos significativos en concepto de regalías, por lo que cualquier variación en producción impacta directamente en la recaudación asociada al petróleo.
En paralelo, el municipio observa el flujo de transferencias provinciales, que en los últimos años creció de forma sostenida en términos nominales. Si bien regalías y coparticipación son conceptos distintos, ambos integran el mapa de recursos que condiciona la capacidad financiera local.
Más allá de la firma del convenio, el verdadero termómetro del traspaso se medirá con indicadores observables:
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- Continuidad operativa y equipos activos durante la transición.
- Intervenciones sobre pozos e inversiones de mantenimiento, claves en campos maduros.
- Cadena de valor local, especialmente transporte, metalmecánica y servicios ambientales.
- Evolución de producción y regalías, con datos públicos que permitirán comparar antes y después.
En el corto plazo, la diferencia entre una cesión meramente administrativa y una con impacto productivo no se verá en los comunicados, sino en la actividad diaria: órdenes de servicio, movimiento de equipos y estabilidad del empleo.
Por ahora, el punto de partida es claro: el clúster Malargüe tiene producción verificable, la cesión está firmada pero pendiente de aprobación, y el nuevo operador ya cuenta con presencia en el territorio. El resto se medirá en el terreno y en las curvas de producción.
